Durante más del 99% del tiempo de la historia de la humanidad, el artista ha estado al servicio de otros o, en el mejor de los casos, ha ejercitado su arte en el tiempo que le dejaban otras ocupaciones más importantes para él y para los suyos que el propio arte que cultivaba. Lo que, en cualquier caso, no quitaba valor a su obra, pues el valor de esta, como decíamos en I, venía dado por circunstancias y valores ajenos a él mismo como individuo.
sábado, 26 de marzo de 2011
El artista: II (en redacción)
El artista, por tanto, no siempre ha gozado del privilegio de ser alguien independiente y venerado (o vilipendiado), ajeno a cualquier grupo o interés social que no sea el de los propios artistas, y cuya obra, además, aspira a ser adorada como única y propia y depositaria de una verdad irreproducible.
EL ARTISTA: I
El arte y el artista han existido siempre, desde que el hombre es hombre, incluida por tanto la etapa de las cavernas. Eso lo saben bien los prehistoriadores.
Lo que no ha existido siempre es la conciencia del artista como tal ni, por tanto, la conciencia del arte como una rama particular del quehacer humano.
Porque la mayor parte del tiempo los artistas han sido, para sí mismos y para su tiempo: chamanes, artesanos, cortesanos, juglares, monjes, etc.
Muchas veces llamamos "artista", en un sentido restringido, al "artista con conciencia de artista y papel social de artista", restricción esta del concepto de artista de la que derivan muchas confusiones. Este concepto restringido y peculiar -y actualmente en crisis-, nace tan solo a mediados del siglo XVIII en la sociedad ilustrada de Occidente y se prolonga durante los siglos XIX y XX hasta la segunda guerra mundial, a partir de la cual entra en crisis.
Artista, en sentido amplio de la palabra, sería, pues, todo aquel que produce obras artísticas, es decir, obras que: a) no tienen utilidad práctica; b) tienen una finalidad y significado simbólicos de algún tipo -religioso, de poder, de vínculo social, de interpretación de la realidad,...-; c) en su ejecución implican el conocimiento y ejercicio de alguna técnica particular por parte del artista.
Y esto, siendo válido para cualquier época y cualquier lugar del planeta.
jueves, 24 de marzo de 2011
Despedida
Ayer, en el cementerio de Torrelodones (Madrid). Enterrábamos a un amigo de mis padres de toda la vida, un hombre al que siempre recuerdo jovial y cariñoso. Me dicen que viendo el final escribió con calma sus últimos deseos a su mujer y a sus hijos: sed cariñosos con los que acudan al entierro y no lloréis, etc.
El día, un día de perros, como se dice vulgarmente: lluvia, viento, barro. Su mujer comenta con una sonrisa y los ojos vivos de siempre: Pero ¿cómo me hace esto mi marido? ¿tener que atenderos con este tiempo tan infernal?
Todos como entonces, pero...
Más arrugados,
en el cementerio,
todos los rostros.
Al terminar, Paloma me lleva de vuelta a Madrid, donde cojo el coche y, con el viento insistentemente en contra durante todo el trayecto (inusitadamente en contra, pues viene del Mediterráneo), regreso a Albacete, a donde llego agotado a las doce de la noche.
martes, 22 de marzo de 2011
Lupa
Hoy me he comprado una pequeña lupa de bolsillo. Con ella puedo ver con claridad y comodidad pequeñas cosas, cosas insignificantes: el dibujo de los caracteres japoneses, las pequeñas poblaciones de los atlas y en particular las de Japón; entre ellas, las que más han sufrido el terrible terremoto... Las busco con cariño, imaginando sobre el mapa su geografía y su gente... Es mi forma personal de acercarme a Japón en estos días.
Desde que era pequeño no había vuelto a tener una lupa. Me ha costado 4€. Es difícil encontrar ya nada que valga la pena por ese ridículo precio. Aunque hace solo diez años no era tan ridículo.
Recuperando el blog
Hace casi un año ya que no escribo en el blog. Inicialmente debido a la imposibilidad de mantenerlo en los intervalos libres de trabajo, posteriormente fue perdiendo peso pues muchas cosas de las que vertía en él pasé a verterlas, por la misma razón, en los e-mail a amigos.
Creo, sin embargo, que es difícil llenar el hueco del blog con los e-mails. El blog es más íntimo y personal. De modo que intentaré recuperarlo en los próximos meses.
miércoles, 12 de mayo de 2010
No podemos pensar
Cuando nos movemos demasiado, cuando vamos con demasiada frecuencia de aquí para allá, cuando cada día estamos en un montón de sitios diferentes a lo largo del mismo día, y esto un día y otro, el pensamiento se deteriora.
Porque el pensamiento, como la arquitectura, necesita un suelo sobre el que asentarse. El pensamiento (el pensamiento humano, al menos) no puede ser "flotante", no puede desarrollarse bien en unas circunstancias de continuo desplazamiento de quien lo piensa.
Claro que se puede pensar mientras uno se mueve, pero no se puede pensar bien cuando uno está continuamente cambiando de sitio, cuando uno se siente continuamente "desplazado".
Tiene que existir siempre un lugar que es la referencia en la que se apoya nuestro espíritu cuando pensamos. Y tenemos que tener tiempo para habitar ese lugar. Porque ese lugar no es un mero pensamiento de un lugar, sino una realidad que tenemos que experimentar cotidianamente. Es nuestro lugar, es, en pocas palabras, nuestra casa, nuestro terreno en sentido literal. Es ese suelo del que, según Kant, al poseerlo podemos expulsar cualquier cosa móvil que se desplace sobre él. Es la sustancia de todo aquello que podemos llamar materialmente nuestro, pero que incluye también nuestros pensamientos más fugaces, porque es su apoyo, porque es el apoyo de todo lo que es nuestro.
sábado, 8 de mayo de 2010
Comodidad
La mayor parte de las maldades que cometemos, se deben a simplificaciones mentales. No somos capaces de aguantar la presión que supone atenerse a lo correcto, y entonces buscamos una simplificación. Por ejemplo, que alguien que nos estorba quiere hacernos daño, o que alguien que nos necesita no se merece nuestra ayuda, etc. Esa simplificación nos da una pauta de conducta más cómoda y obramos en consecuencia... haciendo daño. Normalmente, además, siempre encontramos a alguien que nos ayude en esta labor mental, por tener intereses similares a los nuestros (esta es la raíz de tantas murmuraciones vanas y maledicencias).
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