viernes, 14 de septiembre de 2012

La soledad de Bashoo

Hablar y establecer una distinción entre un yo y un mundo externo a él es una y la misma cosa. Por eso es inútil predicar la desaparición del yo en el haiku, salvo que lo que se pretenda con ello es la desaparición de la palabra "yo", o de expresiones que contengan o remitan directamente a dicha palabra. Pero ¿no es esto una tarea que parece tener poco sentido? Eliminar ciertas palabras de un texto ¿tiene algún mérito más allá de ser capaz de escribir sin ellas, como el autor del Gran Gatsby que escribió toda la novela con la letra "e" de su máquina de escribir bloqueada para que cualquier palabra que eligiera careciera de esa letra?
Lo que el haiku propugna no es la desaparición del yo, por imposible, ni tampoco la eliminación incondicional de esa palabra (o de expresiones que la suplan), por intrascendente. El haiku lo que hace es seleccionar, cribar, los temas de los que se ocupa. Y en este sentido, solo admite los temas que señalan al mundo exterior, evitando los que señalan al mundo interior. De las dos caras de la realidad decide trabajar solo con una. Es un asunto de disciplina poética, de parquedad de medios.
Por eso Bashoo puede decir...

nieve matutina
mastico salmón seco
estando solo

...sin faltar al espíritu del haiku. Porque no habla de su sentimiento de soledad, sino de la situación de alguien (en este caso él mismo) que está haciendo algo sin presencia de nadie. Y ciertamente la expresión "mastico... estando solo" no excluye cierto eco de un mundo "interior", pero este eco surge en el haiku totalmente desprovisto de valoración sentimental alguna, y si alguien se la diera estaría malinterpretando el haiku. La soledad de Bashoo tiene más que ver con el milagro de la nieve fresca de la mañana, que se revela más auténtico vivido en soledad mientras se lleva a cabo con atención un acto rutinario, que en compañía de otras personas.

jueves, 13 de septiembre de 2012

COMPASIÓN

En el budismo el tema de la causalidad es más complejo de lo que los occidentales solemos entender por causalidad. Nosotros detrás de un efecto solemos buscar una causa. Aislamos e individualizamos tanto el efecto como la causa que lo provoca. Para el budismo, sin embargo, no hay efectos individualizados, y menos aún causas únicas. Todo es efecto de innumerables causas.
Es lógico que nos cueste aceptar este planteamiento, porque llevado al infinito, a su límite, anula el concepto de causa: todo es causa de todo, por tanto deja de tener interés conocer las causas de nada.
Sin embargo, espiritualmente es realmente importante ser capaz de sintonizar nuestro ser con este cambio de registro, ser conscientes de lo que implica. Principalmente porque gracias a él lo que percibimos como malo deja de tener una causa concreta identificable para pasar a ser algo que depende de gran cantidad de factores pertenecientes a realidades muy diferentes. Algunos de estos factores podremos identificarlos, pero otros no. En consecuencia, al budista le resulta mucho más fácil que a nosotros dejar de personalizar el mal y, por tanto, de demonizar todo aquello que identificamos como la causa de los males que sufrimos, enturbiando nuestra mente y volviéndonos agresivos en vez de compasivos, la virtud por excelencia del budismo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Una familiar me envía por e-mail esta preciosa fotografía de una flor africana, hecha por ella. Dice que no tiene mérito porque hizo más de dos mil fotos. Yo no sé qué tiene más mérito, si hacer una foto tan bella, o hacer dos mil fotos para conseguir una foto tan perfecta :-).

miércoles, 22 de agosto de 2012

Las religiones tienen una facilidad tremenda para crear autoridades. Sin embargo, que se admita la existencia de un dios creador no implica que ese dios tenga que ser ninguna autoridad. El mismo lenguaje parece establecer esa peligrosa relación al formar la palabra "autoridad" con la raíz "autor" (creador). Si la religión quiere tener cabida en una sociedad moderna tiene que aprender a reivindicar el papel creador de dios sin invocar autoridad alguna.

domingo, 26 de junio de 2011

El hogar del lenguaje

Antes que con ladrillos, el hombre construye su hogar con palabras, decidiendo primero qué parte de cuanto le rodea es una cosa para componer después, con las cosas que ha creado, un mundo en su mente paralelo a la realidad; un mundo que puede habitar. Por eso, se puede decir con total propiedad que todo el lenguaje es una construcción.
Y en este sentido, hay que dar más valor al hombre primitivo que al hombre civilizado. Porque el hecho de nombrar es más complejo cuando nuestro entorno aún no está "cosificado" -cuando hay que decidir qué partes de un entorno dado son cosas y cuáles no- que cuando el entorno lo hemos creado nosotros con objetos que hemos concebido previamente en nuestra mente como tales (un grifo, una calle,...), como ocurre en los entornos civilizados.

martes, 26 de abril de 2011

Historia

La historia no es la narración de los hechos, sino la búsqueda de los hechos. No es una descripción, es una reflexión. Y en la base de esta reflexión está la imposibilidad humana de describir con fidelidad lo que ya pasó.
Al ser una reflexión, lo es desde el presente.
La historia, por tanto, en el fondo, no es sino la actualización de lo que ya pasó; actualización que tiene un valor mayor cuanto que se forja intentando sumergirse en el pasado y, por tanto, en cierto modo, despojándose del presente. Pero el buen historiador sabe que en su esfuerzo por llegar al pasado, siempre se filtra el presente desde el que escribe. Y cuanto más consciente sea de ello, mejor historiador será.
La historia, por lo tanto, es también un "desnudamiento" del historiador (y, a su modo, del lector de historia). En consecuencia, es un ejercicio no tanto intelectual como espiritual.
Todo lo que no sea eso, no es historia, sino periodismo. Ese periodismo que tanto presume de contarnos las cosas tal y como son, y que cuanto más lo cree, más está imbuido de ideas y prejuicios al contarlas.
Historia y periodismo, contrariamente a lo que cabría pensar en un primer momento, son incompatibles, son auténticos enemigos.

martes, 29 de marzo de 2011

Una pregunta sin respuesta

No puedo dejar de preguntarme cómo un espacio geográfico similar a Europa en superficie, relieve, rendimiento agrícola, etc., como es China, no ha dado lugar a una diversidad tan grande de países como ha dado Europa sino que, por el contrario, ha evolucionado en la historia siempre en la misma dirección, a saber, la de un único gobierno.
La razón no parece ser una especial inclinación a la guerra y a las conquistas por parte del pueblo chino. Los europeos han tenido, cuando menos, la misma inclinación a ello. Sin embargo, en Europa el poder de unos se ha equilibrado siempre (no sin violencia) con el poder de otros, y cada esfuerzo que se ha dado para crear o imponer una única autoridad ha fracasado, a la larga, siempre. Por tanto, sería más bien al contrario: China es un único Estado ¡porque los pueblos de China son más pacíficos que los de Europa!
Pienso también si no será precisamente este especial dinamismo interno europeo, esta continua competencia entre unos poderes y otros, el que ha dado lugar a sociedades tan avanzadas materialmente como las de los distintos estados europeos. La pugna, la guerra, despierta la inteligencia.
Pero Europa tiene, precisamente y para evitar más guerras, una cuenta pendiente en la que se esfuerza desde mediados del siglo XX: alcanzar un único gobierno de su espacio y de su gente. Y sigo sin saber por qué este objetivo al parecer loable no se alcanza en Europa y en China, sin embargo, se alcanzó hace varios milenios. Como somos europeos, quizás, no alcanzamos a vislumbrar lo extraño de nuestra situación: un espacio geográfico homogéneo y fértil, sin apenas fronteras naturales, lleno de pequeños Estados y potencias diferentes.