domingo, 1 de noviembre de 2009

¿Hombres no humanos?

No somos racistas, pero ¿seríamos capaces de aceptar sin pensarlo dos veces que con nosotros hoy conviviera una especie humana distinta de la nuestra? Una especie distinta: seres inteligentes, incluso parecidos a nosotros, con los que sin embargo, entre otras cosas, no pudiéramos "juntarnos" (tener descendencia biológica), precisamente por ser otra especie (y no una subespecie, como las razas). ¿Les aplicaríamos sin ningún reparo la carta de los derechos "humanos" (que tendríamos que haber consensuado con ellos antes, por cierto)?
Supongo que sí, pero es un asunto más delicado de lo que parece. Es fácil pensar en el bien de la humanidad cuando hoy por hoy somos los únicos humanos que poblamos la tierra.
Hubo un tiempo, sin embargo, hace unos treinta mil años, en que convivíamos con otros humanos que no eran "hombres" en el sentido que entendemos vulgarmente esta palabra. Pero eran inteligentes y probablemente tenían sentido estético, capacidad técnica y pensamiento simbólico (¿lenguaje quizás? seguramente) y se parecían a nosotros, siendo (reconociblemente) distintos.
Pero entonces no existía el problema de espacio que tenemos hoy. Y como se extinguieron...
Que hable de los neandertales es lo de menos. Podían haber sido otros, o muchos otros. Y podían seguirlo siendo.

viernes, 23 de octubre de 2009

El negocio de la ciudad

Un cobertizo (una nave) dura unos veinticinco años. Una vivienda sobre los setenta y cinco. Un conjunto de viviendas (un pueblo) es fácil que se mantenga más de dos siglos. Una ciudad, algo menos de un milenio. Una capital importante suele rebasar esta cifra.
Esta escala de tiempo suelen olvidarla los que piensan hoy las ciudades. Y las piensan como si se tratara no ya de su propia casa, para vivir, sino de un cobertizo cualquiera para sacar adelante cierto negocio.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El enigma de la esfinge

"La selección natural [...] sólo garantiza la adaptación, y no
es necesariamente más adaptativo lo complejo que lo simple"

(J.L. Arsuaga: El
enigma de la esfinge)

En pocas palabras: que los simples pueden llegar a dominar el mundo, que no necesariamente el mundo camina hacia su perfección, que la semilla de gente como Buda, o Cristo, o Kant, o (añádanse cuantos nombres más se quiera por representar un avance "espiritual" en la historia del hombre...) sólo puede germinar en determinado ambiente sin el cual puede quedar enterrada para siempre.

Y hoy prima la cualidad de las personas para ser adaptables por encima de la de ser coherentes con los ideales (amor, razón, etc.) que la historia nos ha permitido admirar.

Para conservarlos es necesario que la sociedad "quiera" mantenerlos. Es decir, "sepa" valorarlos.

martes, 20 de octubre de 2009

Un bar de carretera

Ayer por la tarde salí de la ciudad con el coche. Fue un día dedicado a jueces y abogados y todo parecía comprimir mis pensamientos, que se embotaban en mi cabeza. Me dirigí hacia el sur por la carretera de Jaén. La noche ya estaba cayendo y el cielo en el horizonte tenía un color oscuro sobre el que se marcaban tiras de nubes negras. Un paisaje que cualquiera diría siniestro pero que para mi mente abotargada resultaba bello y acogedor.
Paré en un bar de carretera a veinte kilómetros, pedí un té acompañado de frutos secos y me senté comodamente en una mesa apartada para leer.
Al ir a pagar me encontré con que un vecino del pueblo cercano, en el que pasamos parte del verano, que trabaja en la gasolinera me había invitado. Pasé a saludarlo y estuvimos charlando hasta casi las nueve y media.
Fué, con diferencia, lo mejor del día.

jueves, 15 de octubre de 2009

Moléculas

Vuelta de vacaciones, con Burgos y Bilbao visitados, un montón de partidas de ajedrez (muchas de ellas frustrantes, razón por la que al final las he reducido) jugadas por ordenador y un interés renovado por la química y la biología a raíz de la visita a Atapuerca; aunque no pude visitar el yacimiento porque no encajaban los horarios con el de nuestro viaje.
Sigue llamándome la atención la capacidad de los científicos para reducir a unos pocos elementos los problemas más complejos y no puedo menos que comparar esta capacidad con la incapacidad de los urbanistas para hacer lo mismo con la ciudad. Antes al contrario, en urbanismo el proceso es el contrario: multiplicar los elementos con que se trabaja en función de cada caso, consiguiendo así que el problema complejo que es la ciudad se haga aún más complejo.
De nuevo los "modelos": como ocurría en las aperturas del ajedrez, donde los cuatro primeros movimientos permiten tipificar la mayor parte de las aperturas, la vida es una combinación de sólo cuatro tipos diferentes de moléculas. Y aquí hablamos nada menos que de la vida, con toda su complejidad, y no de un conjunto de piedras o minerales. A partir de esos cuatro tipos de moléculas, el resto son combinaciones de sus distintas variaciones. Majestuoso.
Lo dicho: a revisar las cuestiones básicas de la química.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Septiembre dificultoso

Días ajetreados. Todo tiende a romperse y a presentar dificultades para recomponerse. En septiembre se han roto el video, el coche, el módem, el marco de plata que le compramos a mi hermano por el nacimiento de su hijo y unas cuantas cosas más, además de problemas en el ordenador del médico induciendo a errores en la medicación de mamá, errores que me está costando dios y ayuda resolver.
He dejado a medio "Disgrace", de Coetzee, porque tras unas primeras páginas deslumbrantes el relato pierde peso poco a poco y a mitad de la novela el lenguaje me parece más plano que una moneda de poco valor. Lo mismo me pasó hace años con otra Premio Nóbel sudafricana: Nadine Gordimer. Abordan cuestiones sociales, pero dejan quizás que la denuncia social tome el mando del relato y con ello se enturbia su prosa y el relato mismo.
Lo intento con Mishima, del que no he leído nunca nada. Empiezo "Nieve de Primavera" pero tengo dificultades con la traducción; no entiendo frases enigmáticas que me parecen además incompletas. Eso no detiene la lectura, pero la entorpece. Tomo "La Máscara", su primer libro. Pero aquí es el propio Mishima el que me lleva a terrenos que no me interesan y que tampoco consigue él que me interesen.
Empiezo "Sense and Sensibility", de Jane Austen. De nuevo, un primer capítulo magistral, impecable. En el segundo pierde un poco de altura, pero promete.
Todo parece corresponderse con este mes de septiembre incómodo que hoy termina y en el que todo se rompe y se queda así, incompleto.

martes, 22 de septiembre de 2009

Un símil

Justo antes del verano escribí el borrador de un artículo sobre el concepto de modelo en la planificación de ciudades, artículo que dejé pendiente de revisar porque no llegaba a aportar nada claro. Por un lado, el "modelo" como "prototipo" tan querido por los arquitectos - señalaba en aquel texto - plantea serias deficiencias en algo que, como la ciudad moderna, muta constantemente y se rebela contra cualquier corsé. Por otro, el "modelo matemático", es decir, la fórmula matriz generadora de resultados diversos según el valor de las variables que contiene, si bien me parecía más adecuado a la hora de describir la dinámica de la ciudad actual, me parecía excesivamente abstracto como para poderlo aplicar satisfactoriamente a una realidad tan cercana a nosotros como es la ordenación urbana.
En el ajedrez, sin embargo, he encontrado recientemente un símil intermedio que mantiene un interesante equilibrio entre la formulación abstracta y la plasmación concreta de lo que podría ser un modelo urbano.
Toda partida de ajedrez queda marcada por las dos primeras jugadas. Esas dos jugadas (dos movimientos de las blancas y dos de las negras) dan un carácter a la partida, carácter que, a su vez, depende de la intención inicial de los jugadores (o mejor, del "juego" inicial entre las voluntades de los dos jugadores). Con las dos primeras jugadas, por tanto, los jugadores definen el resto de la partida, aunque los detalles de ésta no quedan prefigurados y sólo se pueden establecer jugando hasta el final. Esas dos primeras jugadas dan lugar a más de treinta "modelos" de partidas: el primer movimiento de cada jugador anuncia si la partida va a ser un enfrentamiento abierto y ágil, con frecuentes ataques y amenazas, o una estudiada y progresiva conquista del espacio, o un juego alternativo de cesiones y presiones, o...; en el segundo movimiento se decide qué puntos o zonas del tablero van a convertirse en los polos a través de los cuales se va a canalizar la energía de la partida.
Es admirable la capacidad de análisis de los ajedrecistas que, a lo largo de décadas, incluso siglos de juego reflexivo, han sabido extraer de ese continuo que es la partida una "forma" que sigue tres fases (apertura, medio juego y final), y dentro de cada fase distinguir los movimientos que imprimen un mismo carácter a las partidas en que esos movimientos se dan en el momento adecuado -y que se pueden, por tanto, tipificar y ser objeto de estudio, es decir, susceptibles en cierto modo de "planificarse" antes incluso de iniciar la partida, pero también durante la misma- de aquellos otros que perfilan y dibujan cada partida concreta y le dan su peculiar brillo en función, no tanto del bagaje teórico del ajedrecista y de su capacidad de planificación (de su estrategia), como de su estado de ánimo, de su estado mental en el momento de la partida, así como de su peculiar "sentido" o estilo a la hora de elegir un movimiento entre varios de los posibles en cada momento de la partida.
Del mismo modo pienso que debía ser posible analizar la dinámica de las ciudades y establecer un número limitado de factores que prefiguran la evolución de la ciudad sin establecer su forma definitiva de antemano. Estos factores deben de ser perfectamente identificables en el espacio, como piezas dispuestas de un determinado modo en el tablero que es el territorio que "soporta" a la ciudad.
El modelo no será entonces otra cosa que esa peculiar disposición de las "piezas iniciales"; disposición que marca el desarrollo de la ciudad, es decir, el "juego" futuro del resto de las piezas que dibujan la partida que es la vida urbana, sin limitarlo.