jueves, 29 de noviembre de 2012

Otoño en el parque de Abelardo Sánchez (Albacete)

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Injusticia invisible

Quizás la soledad más grande es la que sentimos cuando al sufrir una injusticia no encontramos a nadie que corrobore nuestra indignación - ¿Qué hay más doloroso que una injusticia no reconocida?

jueves, 8 de noviembre de 2012

Extrañamiento

¡Qué extraños nos somos unos a otros! No nos damos cuenta de que el progreso nos ha traido este mutuo y cotidiano extrañamiento: cada uno tiene sus propios fines particulares, sus propias creencias, sus propias opiniones. Parecemos recortados de un fondo común y recolocados en fondos diferentes, en distintos cuadros. Nos hemos liberado de ataduras, pero ¿qué nos liga realmente ahora unos a otros? Todos los lazos que nos unen parecen efímeros.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Fiesta otoñal


El haiku arranca formal y creativamente del haikai, a saber: tres versos que encabezaban una serie improvisada de breves poemas (haikai no renga) en Japón allá por el siglo X. El haikai solía tener un carácter informal y un tono incluso cómico; así como cierto carácter reivindicativo de la creatividad frente a la rígida y canónica poesía cortesana de la época. Jugaba por ello con frecuencia con asociaciones de ideas que en el Japón de entonces estaban incluso artísticamente "prohibidas"...
Bashoo, en el siglo XVII se "especializa" en la composición de haikais, incorporando al haikai algo muy propio suyo: un matiz contemplativo acorde con el espíritu zen. A partir de este autor, inevitablemente, el haikai evoluciona -con un carácter más "serio", es decir, más austero espiritualmente- al haiku propiamente dicho.
El haiku que acomopaña a esta foto, que lo ha inspirado, no es un haiku puro, pues contiene una metáfora (el "traje de verano" de las flores, por su colorido estampado) en un contexto de asociaciones informales no exentas de carácter cómico-festivo (en contraste con la austeridad del otoño). Está, por tanto, más cerca del "haikai" primitivo que del "haiku" al que estamos acostumbrados hoy.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Cuestión de estilo (cuestión de fondo)

El haiku admite mal el verbo conjugado. Al fin y al cabo, conjugar el verbo es hacer que la situación ocupe un lugar en el tiempo, es establecer una relación entre la acción y el pasado o el futuro. Conjugar el verbo es situar la acción a la que hace referencia sobre una ficticia línea del tiempo.
Pero al haiku no le interesa la línea del tiempo, no le interesa la continuidad que está en la base del sentido del tiempo. El haiku quiere acentuar lo único del momento, sin referencia a ningún pasado (por tanto, tampoco a ninguna causa), ni a ningún futuro (tampoco a ningún efecto).
El haiku intenta -en la medida, por supuesto, en que esto es posible para nosotros los humanos- ser puro presente; presente que se expande en nuestra mente, sí, mientras lo degustamos, mientras lo leemos y releemos, pero ¡sin dejar de ser presente!

en la penumbra
las flores de la cortina
flotando solas

Por eso es tan importante evitar en lo posible conjugar el verbo, incluso conviene en la medida de lo posible omitirlo del todo.

nadie en la calle
pálida luz de otoño
por la ciudad

 El haiku ganará automáticamente desde un punto de vista meramente estilístico; pero no solo eso. En inglés al verbo no conjugado se le llama "verbo infinito". Si usamos verbos en el haiku debemos ver la posibilidad de utilizar solo verbos "infinitos", sin tiempo, sin persona... solo la pura acción, el hecho puro.
Es fácil que por lo sencillo de esta cuestión, no caigamos en ella cuando leemos, cuando escribimos haikus.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La falda

Hoy llevo a mamá a revisión médica. Cuando llego a geriatría ya está ella allí en su silla de ruedas, con su cuidadora. Lleva una blusa color hueso y una falda que hoy me parece bellísima, con tallos y hojas verdes sobre un fondo liso. Se acaba el verano, fuera el cielo se va cubriendo de nubes, y ahí está ella, con una falda luminosa y fresca como los juncos al borde de una laguna. Toda la mañana he estado buscando un haiku que no llegaba y ahora, sin buscarlo, lo tengo delante; ¡lo lleva puesto mi madre! Pero un alzheimer lento, ya de ocho años, no le permite darse cuenta. Me acerco a su oido para que me oiga con claridad y le digo: "¡Qué elegante vas esta mañana, mamá!", "¿Tú crees?" y su sonrisa es de una felicidad ausente. Al menos, mis palabras todavía le valen.

martes, 18 de septiembre de 2012

Tazas vacías


Empiezo el día observando cuatro tazas solitarias, con restos de un café ya consumido, en la terraza de un bar. La escena parece ilustrar el final del verano.

fin del verano
en la terraza del bar
tazas vacías